MENSAJE DE LA PRESIDENTA DE SIGNIS EN OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES 2020

0

Querido/a socio/a,

Como usted, mantengo firmemente nuestra esperanza de Pascua mientras en tantos lugares se siente aún como un interminable Sábado Santo.

A medida que se acerca Pentecostés confiamos que, a pesar de la pandemia, el Espíritu nos guiará para saber cómo predicar el mensaje de la Resurrección en estos días aciagos.

Como es de su conocimiento, cada año nuestro Santo Padre emite un
mensaje al mundo con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el próximo 24 de mayo de 2020.

El mensaje de este año es: Para que puedas contar y grabar en la memoria (Ex 10,2) La vida se hace historia. El Papa Francisco nos recuerda la importancia de las historias que contamos, especialmente en medio del estruendo de los medios de comunicación que muchas veces nos hace sentir extraviados.

Vale la pena recordar como las distintas narrativas que compartimos deben reflejar la innegable interconexión de toda la vida humana.

En SIGNIS, la Asociación Católica Mundial para la Comunicación, instamos a nuestros miembros a asumir como un período de gracia esta difícil época: ante una pandemia, estamos llamados a construir relatos que pueda cambiar vidas, e incluso la historia.

Junto a otros comunicadores católicos y a todas las personas de buena voluntad, tenemos la oportunidad de hilar historias que valgan la pena de ser contadas a quienes vivan después de nosotros; relatos que conmoverán sus corazones y les brindará el coraje necesario para enfrentar los momentos más difíciles de sus propias vidas.
Reconociendo así que nuestra propia tradición católica es un relato continuo que debe renovarse con cada generación.

Comparto con ustedes algunas preguntas que surgen del mensaje del Papa
Francisco, sobre el cual nuestros miembros se encuentran en constante reflexión. Quizás le sean de utilidad pastoral.

El Papa Francisco señala que “no todas las historias son buenas historias”. En nuestro tiempo hay quienes buscan explotar a otros o confundir para que la noción de verdad se oscurezca. Su conocimiento tecnológico produce narrativas falsas que hacen mucho daño. La historia de que la pandemia se debe a un “virus chino” conduce a ataques contra personas de etnias asiáticas, mientras abundan los rumores de curas peligrosas y falsas.

Los pobres y los marginados, especialmente los migrantes y los desplazados, son quienes más sufren, ya que son puestos en situación
de riesgo para que otros se salven de la pandemia y son explotados para
mitigar el efecto del confinamiento en la vida económica.

   ¿Cuáles son las herramientas básicas que ofrecemos a nuestras
comunidades para poder detectar estas historias falsas que se propagan como un virus? Y más aún, ¿cómo contamos historias de fe y de esperanza para que se conviertan en una narrativa que sea el anticuerpo contra una plaga de engaños y mentiras?

Si creemos, como dice el Santo Padre, que el Gran Relator se hizo carne en la historia, entonces cada ser humano tiene el potencial de ser un protagonista en la historia de la salvación. Hoy, estamos observando
precisamente esto en las acciones heroicas de médicos, enfermeras, socorristas y en las tareas aparentemente mundanas de aquellos a quienes
a menudo no volteamos a ver: empleados de los servicios de limpieza y
mantenimiento, de supermercados y trabajadores del campo. Todos ellos
arriesgan sus vidas para mantenernos sanos y con alimentos disponibles.

   ¿En su Diócesis, cuáles son las historias de este tipo de héroes
que podrían ser ejemplos del amor que Cristo encarna en sus comunidades? ¿Cómo difundir estos relatos? ¿Qué medios están a nuestra disposición para darlos a conocer?

El Papa nos recuerda que el Espíritu Santo escribe la historia del amor
de Dios en el corazón humano. No solo cita como ejemplos la Historia de
un alma de Santa Teresa, sino también Los hermanos Karamazov de
Dostoievski. Actualmente, muchas de las historias que se relacionan con
nuestra experiencia personal se cuentan en medios seculares, ya sea
impresos o de cualquier otro tipo; mismo papel que asumen los cronistas
populares en algunas culturas. En todos estos casos, su poder deriva en
su afirmación de las verdades más profundas de la condición humana,
especialmente la que nos recuerda la fuerza atemporal del amor. Como
dijo Santo Tomás de Aquino: “Si algo es verdad, no importa quién lo
haya dicho, siempre proviene del Espíritu Santo”.

¿Cómo ofrecer orientación a sus fieles para ver y reflexionar sobre una verdad que se puede encontrar, tal vez, en lugares donde no lo esperamos, como los medios de comunicación, el arte y las tradiciones locales?

Soy consciente que muchas diócesis ya tienen planes para celebrar la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En todo caso, si las
preguntas que se plantean aquí pueden aportar a esta celebración, nos
sentiremos complacidos de haber sido útiles. En cualquier caso, considere cómo su Diócesis podría colaborar con organizaciones locales e instituciones educativas que fomentan la alfabetización mediática y comparten con la Iglesia el deseo de abrazar una verdad que nos hace libres.

La comunicación es intercambio, así que, por favor, compártanos sus
iniciativas inspiradas en la JMCS 2020, podemos aprender de su trabajo y
éste puede inspirar iniciativas en otras diócesis.

En SIGNIS, queremos agradecer su esfuerzo, al ser el principal articulador de historias en su Diócesis, y reiterar que nos unimos a ustedes, nuestros hermanos en la fe y a todas las personas de buena voluntad de su Diócesis para “dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en nuestros corazones”.

Sinceramente,

Helen Osman
Presidenta
SIGNIS Mundial

Compartir

Dejanos tu opinión