La charla completa sobre “Laudato Si y Comunicación”

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Pedro Sánchez durante su disertación en el Auditorio Adriano Irala Burgos, del colegio La Providencia.

Pedro Sánchez durante su disertación en el Auditorio Adriano Irala Burgos, del colegio La Providencia -UC.

“Laudato Si y Comunicación: El rol de los comunicadores en el cuidado de la Casa Común”, se denominó la charla que ofreció el comunicador peruano Pedro Sánchez, miembro de Signis América Latina y el Caribe, el miércoles 2 de marzo en el marco del Congreso Latinoamericano y Caribeño de la Comunicación que se realizará en Asunción, Paraguay desde el 6 al 9 de octubre de 2016.

En la ocasión, desarrolló la encíclica del papa Francisco Laudato Si, desde la visión de cómo los comunicadores y comunicadoras pueden aportar para fomentar el cuidado y la defensa de la Casa Común.

A continuación, la charla completa de este día:

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“Hoy el mundo está cambiando aceleradamente. Me decía una persona de 80 años en República Dominicana: ‘El mundo está muy distinto, porque antes los padres enseñábamos a los hijos, hoy el al revés, los hijos nos enseñan a nosotros. Este televisor plasma que compró mi hija tiene buena imagen, un día yo no sabía como bajarle el volumen y mi nieto de 3 años sin mirar puso la mano atrás y bajó el volumen, y no ha tenido que leer ni el manual ni nada’.

Hoy los niños nos enseñan. En la mecánica, necesitaba arreglar una motocicleta y no encontraban una pieza. Y mi nieto de 6 años miró su Tablet, preguntó de qué marca es, y me dijo que se llama tal y puede conseguirse en tal lugar.

El mundo está cambiando de manera tan acelerada que nos exige acompañar esos procesos de cambio. No podemos seguir con el discurso aprendido en la universidad, o de nuestra experiencia de los últimos años, uno tiene que estar permanentemente conectado.

Incluso la Iglesia comienza a cambiar aceleradamente, y no solo con Francisco, sino antes. Las primeras palabras del Documento de Aparecida van en esa línea: ‘El mundo está atravesando un cambio de época, no una época de cambios, y la humanidad no ha tenido muchos cambios de época. Es un cambio radical de todo: de ideas, valores, propuestas, de paradigmas’.

Antes, cuando yo iba a la escuela, una chimenea con humo era signo de desarrollo, de progreso, de avance; hoy eso significa contaminación, destrucción. Hoy el petróleo significa agresión a la naturaleza. Las carreteras eran signo de progreso, hoy hay que cuidar en dónde las construimos.

Tener más dinero se convirtió en un objetivo de las familias. Un día mi hijo me dijo ‘voy a estudiar música’, le dije: ‘y qué más’. ¡Cómo nosotros asumimos que la vida es para tener dinero y se nos ha deformado nuestra razón de ser! Esos cambios están apareciendo en la humanidad y Dios nos ha dado la gracia de estar en este momento de cambios y transformación.

El papa Francisco, cuando era cardenal, participó en Aparecida y planteó que la Iglesia necesitaba un cambio radical, que así como está ya no sirve, y no se necesita -decía él- mejorarle, pintar los muebles. Hay que construir otra Iglesia, una iglesia más cristiana, más alejada del poder, mas comprometida con los pobres, constructora de un mundo nuevo, y menos preocupada por su posición, su imagen, su poder.

Ahora que es Papa Francisco, algo de estos cambios está impulsado. Desde que fue electo como Papa hasta ahora, ¿qué gestos les ha llamado la atención a ustedes?

Esa cercanía del Papa físicamente, que se baja, lo abraza, lo bendice, reza con él, en particular con los más débiles. La revaloración de la mujer. Todavía en la Iglesia la mujer sigue siendo muy relegada, pero van comenzando los gestos. El Papa que pide que recen por él, que es consciente de los cambios atrevidos que está proponiendo, cuando pide que recen por él pide que no le dejen solo.

Cuando él dice que la Iglesia ya no va más y que hay que reconstruirla, es el mensaje de San Francisco de Asís. Una de las características de esta Iglesia es que está en salida, que llega sobre todo al pobre para que sienta la caricia de Dios. No hay que ir al pobre a leerle el evangelio o rezar. Hay que llegar y abrazarle, preguntar dónde le duele, qué quiere que haga por él. Aparecida nos llama a la misión continental, salir afuera y no solo para ganar adeptos, sino para que la gente sienta a Dios.

La Iglesia no es de palabreo, se trata de acción. ¿Qué es lo que tiene el Papa en su corazón, qué le mueve a hacer lo que está haciendo? Es capaz de ver al Señor en el otro, la otra. Una fe fuerte. Una de las cosas que tenemos que preguntarnos siempre cada vez que nos habla, es esto. Qué tiene en su corazón para plantear estas cosas. Está reinaugurando una manera de ser nueva de los cristianos, solidaria, misericordiosa, su preferencia especial por los descartados de la sociedad.

Es dentro de estas características que ubicamos su encíclica Laudato Si, un grito preocupado por cómo el ser humano está destruyendo la creación. Él ha tenido capacidad de ver lo que está sucediendo en la realidad y ha dicho: “Esto no puede seguir así”. O detenemos la forma como estamos consumiendo, produciendo, relacionándonos, o la humanidad entra a su fase final, porque no podemos irnos a otra casa, esta es nuestra Casa Común y ya se está volviendo inhabitable, irrespirable.

La encíclica busca en primer lugar responder a lo que está sucediendo en el mundo. El Papa dice que esta tierra que tenemos no nos pertenece a nosotros, pertenece a las futuras generaciones.

Una de las palabras que se convierte en una palabra anticristiana, una mala palabra, es la palabra desarrollo. Sobre todo la palabra subdesarrollo relacionada a la economía tiene 60 o 70 años.

Desde allá arriba, los EEUU nos hicieron creer que éramos subdesarrollados, detrás de esa mentira estaba que teníamos que parecernos a los países desarrollados. Los estudios demuestran que para que toda la humanidad tenga el estilo de vida norteamericano se necesitan dos planetas y medio con los mismos recursos. Es imposible que todos nuestros países se asemejen al estilo de vida que nos vendieron. La idea de los países subdesarrollados nos metió en esta vorágine de producir, destruir, usar tirar, inundar de basura la tierra. La encíclica dice casi textualmente: “Hemos convertido a la tierra en un inmenso basurero. La tierra que fue creada para que la humanidad viva bien, en armonía, la convertimos en un completo basurero”. Esa es la realidad con la que el Papa se encuentra.

Estas cuestiones que el video plantea ya se conocían antes de la encíclica. Eso quiere decir que el papa no ha dicho nada nuevo, no inventó nada. Se ha constituido un equipo con técnicos, científicos, para tener un acercamiento más realista hacia el medio ambiente. Y a partir de ahí él nos desafía. Qué debemos hacer para detener esta desgracia, para salvar la casa común. La encíclica va a señalar varios aspectos, pero vamos a decirlos también nosotros.

¿Qué podemos hacer en la casa, la comunidad, el país? No se trata de hacer lío por el lío.

Se calcula que de todo lo que compramos para comer, el 50% va a la basura, y no solo por el envase, a veces dejamos que la comida se malogre. Tenemos que cambiarnos el chip. Antes los zapatos se compraban y uno iba al zapatero a que le cambie las suelas y duraban muchísimo. Hoy los zapatos se tiran. Les recomiendo un reportaje de la tv española: “Comprar, usar, tirar”. Permite descubrir los principios por los que se orienta la industria.

Cuando se inventa la energía eléctrica, los focos tenían duración indefinida, pero no era negocio, y llamaron a los ingenieros para que afinen los filamentos para que no tengan más de mil horas de uso. El mercado impone sus leyes. La obsolescencia programada es uno de sus principios.

No se tata de hacer medidas pequeñas; está bien ahorrar agua, reciclar las cosas. Se trata de más que eso. El cambio de época viene con un nuevo chip. La búsqueda de la felicidad en la sencillez. La gente no vive ya para ser feliz, vive para comprar, ganar dinero, si eso significa pisotear al otro, no importa. Eso hay que cambiar, y no es una propuesta solo para la Iglesia, sino para toda la humanidad.

El Papa es incluso mucho más radical y va a plantear el cambio del sistema económico. Tenemos que superar al capitalismo que se ha convertido en un mal, en elemento dañino, anticristiano.

La palabra desarrollo está muy empatada con el capitalismo. Vivir, producir de otra manera. Los indígenas de la Amazonía dicen “queremos vivir mejor, que nuestros hijos vayan a la universidad y aprendan nuevas tecnologías, pero que sirva para cuidar la naturaleza”. Estos pueblos están defendiendo a la humanidad. Imaginemos 10 horas, de 6 a 4 de la tarde. De esas diez horas, permanentemente hemos consumido muchísimo aire respirando; dos horas de aire vienen de la Amazonía, ahí se produce el 20% del oxígeno que el mundo consume. Por eso hay que defender la Amazonía. Igual el agua, 20% del agua dulce viene de la Amazonía. Sin embargo, cada día se destruye solamente en la Amazonía, el equivalente a 20 estadios de futbol. Esa es la angustia.

El Papa se espanta de lo que sucede y lanza su encíclica. Nosotros tenemos que comenzar a vivirla, compartirla con la escuela, la comunidad, el colegio. Finalmente el Papa Francisco nos desafía como comunicadores. ¿Qué podemos hacer desde la comunicación para que la encíclica se convierta en realidad? La comunicación es lo que hacemos todos los días en nuestra casa, con nuestros amigos, la comunicación en ese sentido amplio. También está la radio, el periódico.

Necesitamos convertirnos. El grito de Juan el Bautista: “conviértanse”, de nuevo se nos plantea aquí. Una conversión ecológica, ver a la naturaleza como nuestra Casa Común, que está para ser cuidada. Para ser utilizada, pero no destruida. Para sembrar soja se arrasan campos, se destruye, se destruye. Es un sistema depredador, no tiene ya una función de progreso, sino una función destructiva. Ahí nuestras comunidades indígenas tienen muchísimo para enseñarnos. En su cultura tienen una relación mucho más amigable con la naturaleza: los árboles tienen vida, el río me avisa cómo va a ser el tiempo que viene. Cómo los pueblos indígenas han aprendido a relacionarse con los animales y los humanos, hasta con la piedra, los cerros.

En Bolivia me dijeron unos indígenas que todo tiene vida, las piedras tienen vida en su concepción. “Para escalar un cerro le pedimos permiso, para sembrar una planta hacemos un acto de veneración para que la tierra produzca bien”. En la Amazonía me decían: “En los ríos viven nuestros espíritus”. Por lo menos entender y valorar esa relación nos va a ayudar muchísimo a ver todo con más cariño.

Creo que los medios de comunicación podemos cambiar nuestra forma de hacer comunicación. Muchas veces pensamos que para que la encíclica tenga efecto hay que difundir sus contenidos. No basta. Los medios tenemos que hacer como nuestros abuelos o nuestros indígenas cuando quieren enseñar algo a sus hijos. ¿Qué hace un agricultor para enseñarle a su hijo como se siembra el maíz? Lo lleva al campo y hace que el niño siembre con él, lo hace partícipe de todo el proceso. En equipo, trabajando, corrigiendo. Esto quiere decir que la educación tiene que tener su elemento práctico.

Dos elementos que nos aportan: la voluntad de enseñar, eso es importante que nos lo metamos en la cabeza, nos enseñaron que nuestro trabajo es informar y nos engañaron. La función central es la transformación de la sociedad en una sociedad mejor. No es llegar al medio a seleccionar las noticias y leer el reporte. Ese es un elemento pequeñito. Todos los días tengo que levantarme y pensar qué hago hoy para cambiar el mundo, preocupado por esa idea de qué voy a hacer hoy para que el mundo sea un poquito mejor. Si como comunicador no tengo esa pasión, soy uno más del montón, fuera del mundo donde vivimos.

Complementa el elemento de conocer nuestra realidad esa preocupación por conocer, practicar.

Tenemos que aprender a mirar de nuevo, a contemplar. Ganas de aprender, voluntad, preparación, conocer nuestro ambiente, y un aspecto clave es aprender a vivir en sentido de comunidad.

Algunos comunicadores se creen los abanderados del cambio. Este planeta no lo van a cambiar los comunicadores, lo va a cambiar nuestro pueblo organizado. Los comunicadores somos un elemento importante que acompaña. Los cambios se hacen de manera organizada. Vamos a promover la organización de la gente. La solución va a salir de lo que el pueblo debate, discute, implementa.

En varios países de América latina los diarios o radios han promovido la arborización de un cerro. Ese comunicador ha tenido que reunir al agente, participar de sus asambleas, gestionando que el Ministerio dé los árboles, la Municipalidad las herramientas necesarias, que los grupos de teatro y música recorran las parroquias movilizando a la gente. Ese trabajo se ha hecho en 6 meses o incluso un año, entrevistando a la gente cómo era el cerro antes. El comunicador ayudando a las autoridades a ser buenas autoridades. Rescatando el conocimiento de los más viejitos, formando parte del comité de arborización. Esa radio ha transmitido en directo la fiesta, la música, la alegría, ha sido capaz de movilizar a la población.

Necesitamos otro periodismo, más ciudadano, más activo, que promueve la participación y la organización de la gente. Así se construye ciudadanía. La ciudadanía se construye ejerciendo, que la ciudadanía ejerza sus derechos. Cuando esta comunidad sembró en su cerro, ejerció sus derechos y sus deberes. Para eso sirve la comunicación. He visto a una radio comercial en Lima, organizando un festival de música juvenil y bandas de rock sobre el cuidado de medio ambiente, incluso auspiciado por empresas transnacionales, sacándoles plata para movilizar a los jóvenes. Lo han hecho medios comerciales, ni siquiera medios educativos, populares.

Un periódico en Argentina todos los años premia a la comunidad que mejor conserva su parque, la que tiene su parque más bonito, con espacio para los niños, banquitas para que se encuentren los ancianos. Hace la convocatoria, los inscribe, los visita. Así como el campesino enseñó al niño a sembrar el maíz llevándolo a la chacra, mostrándole. Incluso las redes sociales están construyendo así la ciudadanía.

#UnaNoTeCalles han usado las redes sociales para convocar a la acción y han construido ciudadanía. La gente aprende por lo que hace. Los medios tienen que meterse eso en la cabeza. Un locutor deportivo me dijo “cómo puedo hacer eso que usted dice”. Lo único que se me ocurrió fue preguntarle dónde vive. Me dijo que los chicos juegan fútbol en la calle. Entonces puede organizar un espacio deportivo.

Desde programas de música. Programas religiosos incluso, una señora hizo un apostolado del rosario en una plaza contra la invasión en Irak. La gente encontró otro sentido al rosario. En una radio brasilera, en cada uno de los misterios llaman para pedir que recen por alguna intención, y la gente se interesa por el vecino, por lo que le pasa.

Aunque sea una acción al año, algo que pueda mejorar la vida de la comunidad. Creo que hay que mostrar todas las experiencias positivas que están sucediendo, mostrar la vida.

Para hacer una jornada de limpieza del río, para reciclar, jornadas para donar cosas que ya no sirvan pero que estén en buenas condiciones. Pero los medios de comunicación tienen que promover acción. No basta con que escuche para que esté informada”.

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